Archivo de la categoría: Libros

Diario de un naturalista en el Estuario del Plata (II)

El famoso naturalista Charles Darwin recaló en nuestras costas en los años 1832  y 1833. Recolectamos aquí una serie de fragmentos del “Diario de un naturalista alrededor del mundo” donde Darwin relata sus experiencias por nuestras tierras y su contacto con el gaucho, los indigenas y los recién llegados desde Europa. Una singular visión de la colonia desde los ojos de un burgués inglés.

2era. Parte / CAPITULO VIII (fragmento)

SUMARIO: Excursión a Colonia del Sacramento.- Valor de una estancia.-Rebaños, cómo se cuentan por cabezas.- Extraña raza de bueyes.- Guijarros perforados.- Perros de pastor.- Doma de caballos.- Carácter de los habitantes.- Río de la Plata.- Bandadas de mariposas.- Arañas aeronautas.- Fosforescencia del mar.- Puerto Deseado.- Guanaco.- Puerto San Julián.- Geología de la Patagonia.- Animal fósil gigantesco.- Tipos constantes de organización.- Modificaciones en la zoología de América. Causas de extinción.

La banda oriental y la Patagonia. (fragmento Río de la Plata)
Al cabo de quince días de verdadera detención en Buenos Aires, consigo por fin embarcarme a bordo de un navío que se dirige a Montevideo. Una ciudad sitiada es una residencia desagradable siempre para un naturalista, pero en el caso actual eran de temer además las violencias de los bandoleros que en ella habitaban. Había que temer sobre todo a los centinelas, pues las funciones oficiales que desempeñaban, las armas que llevaban de continuo, dábanles para robar un grado de autoridad que ningún otro podía limitar.

Puerto y Cerro de Montevideo

Nuestro viaje es largo y desagradable. En el mapa, la desembocadura de la Plata parece bellísima; pero la realidad dista mucho de corresponder a las ilusiones que se han forjado. No hay grandiosidad ni hermosura en esta inmensa extensión de agua fangosa. En ciertos momentos del día, desde el puente del buque donde estaba, apenas me era posible distinguir ambas orillas, que son en extremo bajas. Al llegar a Montevideo recibo noticias de que el Beagle no se dará a la vela sino dentro de algunos días. Por tanto, inmediatamente me dispongo a hacer un viajecillo a la banda oriental.
Puede aplicarse a Montevideo todo lo que he dicho respecto a la región que rodea a Maldonado; sin embargo, el suelo es mucho más llano, con excepción del monte Verde, que tiene 450 pies de altura (135 metros) y da nombre a la ciudad. Alrededor ondula la llanura herbosa; notánse allí muy pocos cercados, excepto en las cercanías de la ciudad, donde hay algunos campos rodeados de setos cubiertos de agaves, cactus e hinojo.

Seguir leyendo Diario de un naturalista en el Estuario del Plata (II)

Anuncios

San Miguel y el flato del Diablo.

La leyenda del Mont Saint-Michel.

Al norte de Francia, en la Baja Normandía en un islote de apenas cuatro mil metros cuadrados se encuentra el Mont St. Michel, un lugar que encierra siglos de historia y leyendas. Donde según cuenta la leyenda, aconteció una de las batallas más despiadadas entre los defensores del bien y las fuerzas del mal.

La Historia del Monte se remonta a las tribus celtas, allí se entregaban a los cultos druídicos en lo que entonces era llamado Mont Tombe o Tumba de Blenus (Dios galo del sol) donde existía un gran megalito. Los romanos lo llamaron Puerto Hércules.

Con la llegada del cristianismo, el islote siguió dedicándose al culto. Fueron construidos en el peñasco varios oratorios dedicados a mártires cristianos que eran velados por ermitaños, siendo estos sus únicos habitantes.

Y la leyenda cuenta que…

El Monte Tombe, dedicado entonces desde siglos atrás al culto a los dioses, fue escenario de la siguiente leyenda:
Cuentan que el Demonio, que había adquirido cuerpo de dragón marino, aterrorizaba a las pobres gentes del lugar allá por el siglo VIII. Seguir leyendo San Miguel y el flato del Diablo.

The Hashish Man

The Hashish Man es un relato fantástico del escritor británico Lord Dunsany (1878-1957), publicado originalmente en la antología de 1910; A Dreamer’s Tales.

En El hombre del haschisch, uno de los mejores relatos de Lord Dunsany, regresamos inesperadamente a Bethmoora, aquella ciudad maravillosa, cuyos habitantes iniciaron un éxodo repentino, misterioso, abandonando sus altos muros en un solo día.

En este magnífico cuento, Lord Dunsany aparece como el oyente de un extraño lector, quien también afirma haber visitado la hermosa Bethmoora. Pero al contrario de los viajes oníricos de Lord Dunsany, este misterioso caballero consigue viajar a las ciudades del sueño a través del hashish.

The Hashish Man

Sidney Sime – The Gate Of Yann (1910)

Hace poco día asistí a una comida en Londres. Las señoras se habían retirado al piso de arriba, y nadie se sentaba a mi derecha; a mi izquierda tenía a un hombre a quien no conocía, pero que evidentemente sabía mi nombre, porque al cabo de un rato se volvió hacia mí y me dijo:

—He leído en una revista un cuento suyo sobre Bethmoora.

Recordé el cuento. Era el relato de una hermosa ciudad oriental súbitamente abandonada, sin que nadie sepa por qué.
Respondí:
—¡Oh, si! —y busqué con calma alguna fórmula de reconocimiento más adecuada al encomio que me había dedicado su memoria.

Pero quedé asombrado cuando me dijo:
—Está usted en un error respecto a la enfermedad del gnousar; no fue nada de eso.

Yo repuse:
—¿Cómo? ¿Ha estado usted allí?-

Y él dijo:
—Si; voy a veces con el haschisch. Conozco Bethmoora bastante bien.

Y sacó del bolsillo una caja con una substancia negra, de un olor extraño. Me advirtió que no la tocara, porque me quedaría la mancha para muchos días.

—Me la regaló un gitano —dijo- Tenía cierta cantidad, porque era lo que había terminado por matar a su padre.

Le interrumpí, pues anhelaba conocer por qué había sido abandonada Bethmoora, la hermosa ciudad, y por qué huyeron todos sus habitantes en un día.
Seguir leyendo The Hashish Man

Kandinsky: De lo espiritual en el arte

Wassily Kandinsky “De lo espiritual en el arte” . Introducción

Cualquier creación artística es hija de su tiempo y, la mayoría de las veces, madre de nuestros propios sentimientos.
Igualmente, cada periodo cultural produce un arte que le es propio y que no puede repetirse. Pretender revivir principios artísticos del pasado puede dar como resultado, en el mejor de los casos, obras de
arte que sean como un niño muerto antes de nacer.
Por ejemplo, es totalmente imposible sentir y vivir interiormente como lo hacían los antiguos griegos. Los intentos por reactualizar los principios griegos de la escultura, únicamente darán como fruto formas semejantes a las griegas, pero la obra estará muerta eternamente.

Alegoría del río Nilo

Una reproducción tal es igual a las imitaciones de un mono.
A primera vista, los movimientos del mono son iguales a los del hombre. El mono puede sentarse sosteniendo un libro frente a sus ojos, dar vuelta a las páginas,ponerse serio, pero el sentido de estos movimientos le es ajeno totalmente.

Hay, a pesar de esto, otra igualdad exterior de las formas artísticas que se asienta en una gran necesidad. La igualdad de la aspiración espiritual en todo el medio moral-espiritual, la aspiración hacia metas que, perseguidas primero, fueron luego olvidadas; es decir, la igualdad del sentir interno de todo un periodo puede llevar lógicamente al empleo de formas que en un periodo anterior sirvieron positivamente a las mismas aspiraciones.

Así nació parte de nuestra simpatía, nuestra comprensión y nuestro parentesco espiritual con los primitivos. Como nosotros, esos artistas puros buscaron reflejar en sus obras únicamente lo esencial: la renuncia a lo contingente apareció por sí sola.
A pesar de su valor, este punto importante de unión espiritual no es más que un aspecto.
Nuestro espíritu, que después de una larga etapa materialista se halla aún en los inicios de su despertar, posee gérmenes de desesperación, carente de fe. falto de meta y de sentido. Pero aún no ha terminado completamente la pesadilla de las tendencias materialistas que hicieron de la vida en el mundo un penoso y absurdo juego. Seguir leyendo Kandinsky: De lo espiritual en el arte

Diario de un naturalista en el Estuario del Plata (I)

El famoso naturalista Charles Darwin recaló en nuestras costas en los años 1832  y 1833. Recolectamos aquí una serie de fragmentos del “Diario de un naturalista alrededor del mundo” donde Darwin relata sus experiencias por nuestras tierras y su contacto con el gaucho, los indigenas y los recién llegados desde Europa. Una singular visión de la colonia desde los ojos de un burgués inglés.

1era. Parte / CAPITULO III (fragmento)
SUMARIO: Montevideo.- Maldonado.- Excursión al río Polanco.- Lazos y bolas.- Perdices.- Carencia de árboles.Garnos.- Capybara, o cerdo de río.- Tucutuco- Molothus, costumbres parecidas a las del cuclillo.- Papamoscas.- Aves burionas.- Halcones que se alimentan de carnaza.- Tubos formados por el rayo.- Casa fulminada.

5 de julio de 1832 – Largamos velas por la mañana y salimos del magnífico puerto de Río. Durante nuestro viaje hasta el Plata no vemos nada de particular, como no sea un día una grandísima bandada de marsopas, en número de varios millares. El mar entero parecía surcado por estos animales, y nos ofrecían el espectáculo más extraordinario cuando cientos de ellos avanzaban a saltos, que hacían salir del agua todo su cuerpo. Mientras nuestro buque corría nueve nudos por hora, esos animales podían pasar y repasar por delante de la proa con la mayor facilidad y seguir adelantándonos hasta muy lejos. Empieza a hacer mal tiempo en el momento en que penetramos en la desembocadura del Plata. Con una noche muy oscura, nos vemos rodeados por gran número de focas y de pájaros bobos que hacen un ruido tan extraño, que el oficial de cuarto nos asegura que oye los mugidos del ganado vacuno en la costa. Seguir leyendo Diario de un naturalista en el Estuario del Plata (I)